Antes de abordar cualquier estudio
cualitativo sobre los equilibrios químicos, es imprescindible conocer qué es un
equilibrio químico y por qué se produce.
Los equilibrios químicos son consecuencia
de la reversibilidad de las reacciones: mientras los reaccionantes reaccionan
dando lugar a los productos de la reacción, estos productos también reaccionan simultáneamente
dando lugar a los reaccionantes. La reacción avanza mientras que la velocidad
a. la que se forman los productos es mayor a la velocidad inversa de formación
de reaccionantes. Finalmente, se llega a un estado de la mezcla en donde parece
que la reacción no avance por cuanto la composición de la misma permanece
constante. Este estado se denomina EQULIBRIO QUÍMICO. Es importante notar que
el equilibrio se establece no por el hecho de que la reacción haya cesado sino
como resultado del desarrollo simultáneo y con igual velocidad de las
reacciones directa e indirecta.
Es evidente que para que las velocidades
tiendan a igualarse la velocidad directa disminuye y la velocidad inversa, por
contra, aumenta a medida que transcurre la reacción. Esto ocurre porque la
velocidad de una reacción es función de la concentración de sus reaccionantes:
a medida que transcurre la reacción, la concentración de los reaccionantes va
disminuyendo ( y, por tanto, su velocidad directa) y la concentración de
productos va aumentando ( y, por tanto, su velocidad inversa).
La velocidad de una reacción, y por tanto
el equilibrio químico, también es función de la temperatura. Efectivamente, una
variación de temperatura afecta de forma desigual a las velocidades directa e
inversa en función si dichas reacciones son endotérmicas o exotérmicas: frente
a un incremento de calor la velocidad de una reacción endotérmica aumenta más
rápidamente que la de una exotérmica ( esto último constituye, en definitiva,
una aplicación del Principio de Le Chatelier. Supongamos la reacción
exotérmica: A+ B
C+D+q; siendo q el desprendimiento de calor.
Al suministrar calor la reacción se desplaza hacia la izquierda).
El siguiente paso consiste en traducir al
lenguaje matemático lo expuesto hasta ahora de forma cualitativa. Para ello,
supongamos la reacción:
a A+b B
c C+d D
La condición de equilibrio, tal como hemos
definido en los párrafos anteriores, es aquella en que las velocidades de
reacción en un sentido y otro son iguales, por tanto:
K1[A]a [B]a=K2[C]c
[D]d
en donde [A], [B], [C] y [D] son las
concentraciones en el equilibrio de los reactivos y los
productos.
Reordenando convenientemente los términos
de la anterior expresión matemática, resulta que:
K1 / K2=[C]c
[D]d / [A]a [B]a
La relación K1 / K2
es una constante ( siempre que se trabaje a la misma temperatura; esto es, a
20ºC esta relación tiene un valor y a 80ºC tiene otro) que nos puede servir
como criterio cualitativo de equilibrio. A esta relación le daremos el nombre
de Keq ( Constante de Equilibrio); por tanto, K1 / K2
= Keq.
En función del tipo de reacción de la que
tratemos: ácido-base, rédox o de formación de complejos; hablaremos de un tipo
de equilibrio o de otro, si bien, el aparato matemático con el cual se abordan
cuantitativamente es similar.
El
equilibrio químico es un sistema dinámico en el que las concentraciones
de reactivos y productos
permanecen constantes y donde la velocidad de la reacción directa es igual a la
de la reacción inversa.
Equilibrio
químico
Una
vez iniciada una reacción química
puede evolucionar de dos maneras diferentes: la reacción puede desarrollarse
hasta que se agote uno de los reactivos o bien transcurrir hasta un cierto
punto en el que, aunque existan reactivos en cantidad suficiente, la reacción,
aparentemente, se detiene. En el segundo caso se dice que el sistema formado
por los reactivos, los productos y el medio de reacción ha alcanzado un estado
de equilibrio. A pesar de que un sistema químico en equilibrio parece que no se
modifica con el tiempo, esto no significa que no está ocurriendo ningún cambio.
Inicialmente, los reactivos se combinan para formar los productos, pero llega
un momento en que la cantidad de producto es los suficientemente grande como
para que estos productos reaccionen entre sí volviendo a formar los reactivos
iniciales. De esta manera transcurren simultáneamente dos reacciones, directa e
inversa.
El
equilibrio se alcanza cuando los reactivos se transforman en productos con la
misma velocidad que los productos vuelven a transformarse en reactivos.
Un
sistema en equilibrio debe cumplir los siguientes requisitos:
·
Sólo puede existir equilibrio en un sistema
cerrado: un sistema en el que ni la energía ni las sustancias entren o salgan
continuamente.
·
Cuando se alcanza el estado de equilibrio, las
propiedades observables del sistema (color, masa
del reactivo sin reaccionar, temperatura, etc.), no
varían con el tiempo.
·
Toda situación de equilibrio se altera cuando se
modifica la temperatura, pero se restablece cuando el sistema vuelve a la
temperatura original.
Cuando
se alcanza el estado de equilibrio, las concentraciones de los reactivos y los productos
se encuentran en una relación numérica constante. Experimentalmente se
comprueba que las concentraciones de las sustancias implicadas en un sistema en
equilibrio se encuentran relacionadas por la siguiente expresión matemática:
aA + bB -> cC + dD
K = [C]c[D]d
/ [A]a[B]b
En
esta expresión el numerador es el producto de las concentraciones de equilibrio
de los productos, elevada cada una de ellas a un exponente que es igual al
número de moles de cada producto que aparece en la ecuación
química.
El
denominador es el producto de las concentraciones de equilibrio de los
reactivos, elevada cada una de ellas a un exponente que es igual al número de
moles de cada reactivo que aparece en la ecuación química.
La
razón, K, entre el numerador y el denominador es la constante de equilibrio de
la reacción. Si el valor de K es muy pequeño, mucho menor que 1, la reacción
directa sólo ocurre en una pequeña extensión antes de alcanzar el equilibrio.
Es decir, los reactivos no reaccionan del todo. En cambio, si el valor de K es
grande, mucho mayor que 1, la reacción directa está ampliamente favorecida;
esto es, los reactivos originales se transforman en productos en una gran
amplitud.
Podemos
concluir:
·
Si K < 1, se favorece la formación de
reactivos.
·
Si K > 1, se favorece la formación de
productos.
El
rendimiento de una reacción química se ve disminuido por la tendencia a
alcanzar el estado de equilibrio, ya que los reactivos no se transforman al
cien por cien en productos. Para conseguir que le equilibrio se rompa
desplazándose en el sentido que nos interesa, es necesario saber qué factores
se pueden modificar.
Los
cambios de cualquiera de los factores: presión, temperatura o concentración de las sustancias reaccionantes o
resultantes, pueden hacer que una reacción química evolucione en uno u otro
sentido hasta alcanzar un nuevo estado. Todos los cambios que afectan el estado
de equilibrio son predecibles según el principio de Le Châtelier.
A
fines del siglo XIX, el químico francés Henry Le Châtelier
(1850-1936) postuló que si sobre un sistema en
equilibrio se modifica cualquiera de los factores que influyen en una reacción
química, dicho sistema evolucionará en la dirección que contrarreste el efecto
del cambio.
Cuando
un sistema que se encuentra en equilibrio, es sometido a una acción externa que
lo perturbe, el equilibrio se desplaza hasta alcanzar nuevamente el equilibrio.
Los principales factores que afectan el equilibrio son:
·
Cambio de concentración. Supongamos el siguiente
sistema en equilibrio: A + B ó C + D. Si se agrega alguna de las sustancias
reaccionantes, por ejemplo A, se favorece la reacción que tiende a consumir el
reactivo añadido. Al haber más reactivo A, la velocidad de reacción hacia los
productos aumenta, y como en el estado de equilibrio las velocidades de
reacción son iguales en ambos sentidos, se producirá un desplazamiento de la
reacción hacia los productos. Es decir, se formará una mayor cantidad de C y D,
hasta alcanzar un nuevo estado de equilibrio. De igual modo podemos predecir
qué efectos tendría un aumento en la concentración de cualquiera de los
productos C o D. Al aumentar C, por ejemplo, el equilibrio se desplazaría hacia
los reactivos, ya que la velocidad de reacción aumentaría en ese sentido hasta
alcanzar un nuevo estado de equilibrio. Al disminuir la concentración de alguno
de los reactivos, retirando parte de A o B, también podemos alterar el
equilibrio químico. Según el principio de Le Châtelier, el equilibrio se
desplazaría en el sentido de compensar dicha falta, es decir, hacia la
formación de reactivos. De igual manera, si disminuimos la concentración de uno
de los productos, el sistema reacciona desplazándose hacia los productos. Sin
embargo, aunque la variación de la concentración de cualquiera de las
sustancias que interviene en el equilibrio no afecta en absoluto el valor de la
constante, si se modifican las concentraciones de las restantes sustancias en
equilibrio.
·
Cambio de la temperatura. Si en un equilibrio
químico se afecta la temperatura, el sistema se opone al cambio desplazándose
en el sentido que absorba calor, esto es, favoreciendo la reacción endotérmica.
Por el contrario, al disminuir la temperatura se favorece el proceso que genera
calor; es decir, la reacción exotérmica.
·
Cambio de la presión. La variación de la presión
en un equilibrio, sólo influye cuando intervienen sustancias en estado gaseoso
y se verifica una variación en el número de moles entre reactivos y productos.
Un aumento de presión favorecerá la reacción que implique una disminución de
volumen. En cambio, si se disminuye la presión, se favorecerá la reacción en la
que los productos ocupen un volumen mayor que los reactivos.
Esta
formulación del concepto de equilibrio químico, planteado como dos procesos
cinéticos en direcciones opuestas, es sin lugar a dudas la forma más sencilla e
intuitiva de aproximarse al concepto de equilibrio químico. Sin embargo, la
condición de equilibro, de una forma rigurosa debe ser establecida no en
función de una aproximación cinética, sinó termodinámica.






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